Pezcalandia era una ciudad hermosa, colorida, pujante. Una ciudad feliz. Un día Catalucha, mi vecina de enfrente, vino con la novedad: “Abrí una lata de sardinas y salió una de ellas cantando como los dioses”. ¡No te creoooo!!!!!! ¿Quién te va a creer? Si todos lo saben: “Cuando abrís una lata de sardinas, sale una de ellas cantando absolutamente desafinada”.¿Para qué mentiría? ¿Qué necesidad había?
Todos teníamos la costumbre de grabar el audio de la sardina que, al salir de la lata, cantaba siempre muy desafinado y que nos producía una risa incontenible porque nunca habíamos escuchado cantar tan mal. Cada vecino tenía una colección de canciones desafinadas de las sardinas que salían de sus latas. Cuando estábamos por abrir una, nos juntábamos los miembros de la familia y mientras mamá abría la lata, cada uno elegía cuál era la sardina que iba a cantar. Ganaba el que adivinaba. No había premios porque nos producía tanta gracia que alguien pudiera desafinar tanto, que nos olvidábamos de felicitar al adivino.
Las colecciones de grabaciones eran todas diferentes ya que cada sardina cantaba una canción distinta, nunca escuchamos dos veces la misma canción. Tal es así, que la salida preferida de todos los habitantes de la ciudad era ir a cenar a la casa de un amigo o familiar y de sobremesa escuchar la colección de grabaciones del anfitrión.
Carlatún, mi prima hermana, tenía una colección en la que dos sardinas tenían una voz parecida, no igual, pero parecida. Una cantaba “La bamba”, canción de los años ´70 y la otra el tango “Volver”. Pero en el “se necesita un poco de gracia…” y “las nieves del tiempo…” la entonación era parecida. Ambas nos hacían reír tanto, que siempre le pedíamos que las ponga. Ya después de reírnos de esa manera, no podíamos seguir escuchando porque nos dolía la boca y estábamos exhaustos.
Si hasta pensamos nombrar el 24 de julio como “Día del canto de la sardina”,porque fue el día que por primera vez se escuchó cantar a una sardina en lata. Era difícil de corroborar, pero no venia nada mal instaurar el “Festival de la sardina cantante”, en el que cada participante pudiera mostrar las mejores grabaciones de su colección y así cada año, un jurado distinto, coronara al ganador. Hasta se diseñó la copa que se daría como premio!
Esta fiesta seguramente traería pujanza a la ciudad, a nuestra industria: La pesca y el envasado de sardinas cantantes. que eran industrias motores de la ciudad. Las dos fábricas, “La sardina feliz” y “TRUCHEX S.A.” (Esta última llamada por nosotros “La sardina alegre” ya que el nombre de la empresa no sugería nada bueno) eran las que hacían que daban trabajo al pueblo. Por supuesto guardaban en profundo secreto el proceso de producción, por eso cada uno teníamos una versión distinta de él y nos lo pasábamos en secreto unos a otros.
Como dije, hasta que Catalucha hizo lo que hizo. A partir de allí todo fue caos. Empezaron a aparecer tantas grabaciones de sardinas que cantaban bien, que hubo que pedir que hubiera testigos. Filmar no se podía porque no solo daba mala suerte, sino que avergonzaba a la sardina cantora y se quedaba muda . Testigos de la familia tampoco servían porque podría n ser parciales y se dudaba de su verosimilitud. Finalmente se resolvió que fueran los vecinos que no fueran amigos de losconcursantes.
Las voces sardinezcas eran cada vez mejores. Hasta apareció una con la voz igualita a Plácido Domingo. Y Merlucio, el dueño de la grabación, aseguró que la sardina cantaba mejor que el tenor, pero que el grabador no supo captar el momento.
¿Podíamos creerle? Decididamente no. Merlucio hacía unas tartas de sardina tan ricas, que supusimos que seguramente regaló una a cada jurado testigo. ¿Cómo podíamos creerle?Finalmente lo comprobamos.
Poco después, quién sabe por qué, aparecieron grabaciones de sardinas que desafinaban mucho mas que de costumbre. No se supo bien cual de las empresas empezó con esta serie pero todo dejó de tener sentido. Las cenas para escuchar las grabaciones, resultaban aburridas y fueron cada vez menos hasta que desaparecieron. Dejamos de consumir sardinas cuatro o cinco veces a la semana como antes, nadie le creía nada a nadie y todos nos mirábamos con desconfianza.
El busto de la sardina que estaba a la entrada de la ciudad fue atacado con bombas de alquitrán tantas veces, que ya no se distinguía que pescado era y la industria quebró porque el consumo de sardina fue desapareciendo.
La gente se fue mudando a otras ciudades, y cuando sólo quedaron dos o tres casas habitadas, se declaró a Pezcalandia ciudad fantasma y cerró la municipalidad...
Seguramente algún visitante desprevenido, al ver a esta ciudad vacía, sucia, de paredes descascaradas y tejas descoloridas crea que es así el destino de las ciudades, pero nosotros, los que fuimos habitantes de Pezcalandia sabemos por culpa de quien tan hermosa ciudad cayó en desgracia.
PABLO TURCHI


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