En Chascomús hay un almacén de ramos generales repleto de escaparates en los que se exhiben veinte islas sin nombre. Algunas de volcanes recientes, otras atlántidas sirenas. Son saldos de náufragos y fábulas, avistajes secretos, salvaguarda de tesoros piratas, memorias yermas de azul iodado. Perdidas en la muchedumbre cacharrera, siempre se hacen menos urgentes que la vajilla de diario.
TAMARA ALONSO


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