Bajo el sol polvoriento, mientras las llamas lamían sus ancestrales perfiles, sin que nada ni nadie las viera, miles de piedras en cuclillas se acercaban imantadas a la Apacheta más prominente del valle. Endiabladas, quebradas, rojonas de risa iban todas agachadas, rogando carnaval al brillo lentejuela.
TAMARA ALONSO

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