Breves cuentos fantásticos, creados por los integrantes de los talleres de 4 encuentros de Juego y Creatividad

martes, 22 de septiembre de 2020

LA COMBINACIÓN

Como cada mañana, después de completar la serie de abdominales, después del desayuno y de la ducha, me tomo media hora para elegir uno de mis trajes, la camisa perfecta que lo acompañe y la corbata que maride idealmente. La combinación de hoy no la había hecho nunca. Estoy impresionado por la audacia con la que elegí estos colores. El saco y el pantalón son de un tono arena suave que en un día de mucho sol brilla como dorado.  La camisa de lino blanca con unas finas rayas azules en vertical y el cuello con puntas redondeadas. La corbata está sin estrenar. Tiene una base color rojo oscuro salpicada por pequeños perritos dálmata que miran en todas las direcciones. Voy a agregar un sombrero para darle el toque final a mi creación.

Me calzo el pantalón, meto la camisa adentro, ajusto el cinturón. Paso la corbata por atrás del cuello de la camisa previamente levantado y con un movimiento que no alcanzo a entender, la corbata pasa de largo y termina en el suelo.  Pienso en la seda italiana con la que fue confeccionada  la corbata y se me hace agua la boca. Es muy sensible, por eso se desliza con tanta fluidez. La levanto. La sacudo para quitarle las partículas de polvo que hayan quedado pegadas y comienzo nuevamente a hacer el nudo, ahora con más cuidado.  Mantengo la punta más delgada de la corbata firme y con el otro extremo doy una vuelta, otra, otra y otra más. Son demasiadas, no sé qué me pasa. Es como si estuviera hipnotizado por la belleza de la tela y solo puedo hacer lo que ella quiere.Vuelvo a comenzar con el nudo desde cero para concentrarme mejor. Esta vez son dos vueltas y luego paso la punta por el centro del nudo para terminar ajustando. 

La corbata no quiere doblar hacia abajo, en cambio, empieza a recorrer mi cuello como una serpiente hambrienta. Me quedo paralizado mientras ella recorre mis rincones, me susurra cosas al oído. Me tapa los ojos y me acaricia con una suavidad como solo ella puede hacerlo. Siento que me muerde la oreja y  me pregunto cómo lo hace. Me dice que yo no la compré sino que ella me eligió desde la vidriera. Canta con la voz de un ángel. Dios, es hermosa. 

Estoy mojando toda la camisa nueva con el sudor nervioso que empapa mi espalda. Siento la presión en el cuello ya que el nudo está haciendo tope a la altura de mi nuez de Adán y eso me atemoriza. Recuerdo que hoy Ramona no viene porque es su día franco. Igualmente hago sonar la campanita.  Muevo las manos alrededor de mi cuerpo, en círculo, para encontrar algo que me ayude. Algo en la mesita de luz, en la cama. Todo me da vueltas en la desesperación. Tengo la boca seca. Se que en alguna parte quedó una copa con restos de champagne de anoche. Insinúo que brindemos por el estreno, pero la corbata se pone celosa porque no la usé ayer y ajusta aún más el nudo. Me falta el aire.

Siento el dulzor ácido del deseo en la lengua y una erección que se hace evidente. La corbata es mucho más larga de lo que yo imaginaba. Está tratando de enredarme también las piernas para tirarme al piso. Yo no era de los que se dejan capturar tan fácilmente. Levanto los brazos para que mis manos queden fuera del alcance de sus garras de seda y me acerco a la pared. Voy tanteando sin saber lo que quiero encontrar, como si esta no fuera mi casa, como si hubiese olvidado que objetos tengo todos los días a mi alrededor. Quisiera dejarme llevar por el arrebato y acabar, con todo esto. 

Tengo una reunión importante en la oficina. No hay café. Detecto a mi lado una estantería, hay libros y cuadernos, hay adornos.  Rozo con mis dedos algo de metal. No sé que hace un cuchillo acá porque nunca como en mi habitación. Lo tomo por el mango tallado, es una pieza muy fina, lo reconozco, es el abrecartas de mi tatarabuelo. Nunca pensé que me serviría para algo.  

Ahora ella está tratando de amordazarme. Sabe perfectamente lo que me gusta, aunque casi no nos conocemos. Rápidamente se coloca en el centro de mi mandíbula abierta y aprieta con saña. La muerdo apasionadamente y soy yo el que sufre por las marcas que pueda dejarle. Huelo el perfume francés que emana la camisa  y pienso que debería comprar otro frasco porque ya se me está terminando. 

Ella se estira con gracia y se aferra al picaporte. Quiere arrastrarme hacia la puerta, tumbarme, tener el poder completo sobre mi. Resisto en pié a pesar de mis fantasías. Los zapatos, todavía no pensé en qué zapatos. Ella también está agitada, casi puedo sentir su respiración excitada. Este es el momento,  es ahora o nunca. Toda su atención está puesta en derribarme. No aguanto más. Dejo que el envión me lleve. La mano que sostiene el abrecartas cae con todas mis fuerzas sobre su belleza tensada entre mi cuerpo y la manija de bronce. El filo del metal aún funciona y desgarra los hilos italianos en un corte irrevocable. Exploto de placer y grito sin sonido. Con todo el dolor de mundo, te mato, corbata. 

Ojalá no hubieras sido perfecta. Ahora ¿Qué me pongo?


Sobre Mato-Corbata

LAURA D'ANTONIO

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